Los más de 40 tipos de aves, se hacen patentes
en este lugar donde cohabitan, desde el mirlo y el carpintero,
hasta el gavilán.
Otro de los tipos de aves que visitan el Robledal son
las aves migratorias, em especial la Becada.
Ésta ave no llega al tamaño de una paloma
(menos de 300 g de carne), y su carácter principal
que la diferencia de otras aves de caza es su largo pico.
Lo cierto es que es un pájaro solitario. Fuera
de la época de celo raras veces forma grupos. Estos
pueden encontrarse pero nunca hacen el mismo camino. Si
alguna vez se da la coincidencia de encontrar varias en
el mismo terreno, se debe únicamente a que la inclemencia
del tiempo las ha obligado a detenerse allí donde
podían encontrar alimento.
La becada pasa regularmente por nuestros bosques: en otoño,
por Todos los Santos, y en primavera, en febrero y marzo,
esta última, marca los lugares de fijación
del ave, es decir, aquellos donde anida. Pero como la
becada es una de las aves más sensibles a las variaciones
de temperatura, las siente y las presiente, de manera
que se desplaza a las menores señales de cambio
en el estado atmosférico, puede decirse que no
es en modo alguno el barómetro quien determina
estos viajes, sino el termómetro: es, pues, simplemente
una cuestión de grados, mucho más que una
cuestión de estado latente de la temperatura misma.
Es evidente que el frío intenso, la helada, obligan
a la becada a dejar la tierra solidificado que les niega
todo alimento para ir a otra parte donde la temperatura
sea más suave. Pero estos desplazamientos no son
entonces forzosamente de gran distanciamiento: tan pronto
el ave encuentra , en una zona vecina, mejores condiciones
de existencia, se traslada a ella por el tiempo necesario.